sábado 1 de agosto de 2009

La Religión: droga divina

Una de las maneras de superar las culpas y de tener sentimientos de reconocimientos frente a nuestras acciones es lo que nos da la religión. La clase proletariada, marginada, presionada por los problemas cotidianos que no tienen los capitalistas, busca mecanismos para superar el malestar existente, y la religión, con mitos que no son probables, les condicionan a la idea infundada de tener un futuro mejor.

La religión como excusa relaciona sus objetivos con principios morales; es decir, ellos monopolizan nuestras acciones, calificándonos vilmente de que si no seguimos sus principios - la mayoría contradictoria - somos irremediablemente inmorales. Ya bajo esta condición la religión genera mitos que buscan intimidar ha aquellos que no siguen sus principios aprovechando la ignorancia de las masas. Con ello la religión ha manifestado siempre su apoyo a la clase dominante, como es el caso de la religión católica, la cual justifica la propiedad privada, dejando de lado a los teólogos de la liberación (también católicos), quienes aceptan la eliminación de la propiedad privada.

Es así que la religión se convierte en una fuerte arma de manipulación social, al punto que sus discursos políticos bien pueden ser creíbles, ya que dentro de sus principios morales no pueden mentir. En el Perú, muestra de esta hipocrecía se ha observado en la década de los '90, ya que el clérigo no cuestionaba el terrorismo de Estado ejercido por Fujimori, mas bien, en ciertas ocasiones justificaban el accionar de éste, y ello por dos razones: Fujimori amenazó al clérigo de que ya no se iba enseñar el curso de religión en los colegios estatales, y que los denominados "terroristas" basaban sus luchas en principios marxistas, por ende, si estos llegaban al poder el Estado iba ha quitarles privilegios.

Con todo lo anterior, la religión se vuelve en un obstáculo del avance social, en un agente represivo que lleva por siglos justificando la muerte de esa masa que lucha por el cambio.


Imagen: "La religión justifica el derramamiento de sangre"

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